Joyas del Arte Tibetano en la Corporación Cultural de Las Condes
En el marco del Encuentro con la Cultura Tibetana, la Sala Cruz del Sur de la Corporación Cultural de Las Condes exhibe una selección de más de treinta piezas patrimoniales pertenecientes a coleccionistas particulares, bajo el título "Joyas del Arte Tibetano".
La muestra reúne thankas, pinturas ceremoniales realizadas sobre finos hilados de seda; adornos corporales hechos en piedras preciosas y semipreciosas como aros, collares, pulseras, tocados y brazaletes; mesas y alfombras de oración; instrumentos musicales como tambores, trompetas y campanas; figuras de deidades recubiertas en oro; manuscritos antiguos y vestuarios de procesión.
El Encuentro con la Cultura Tibetana es organizado por la Corporación Cultural Tibetana, el Centro Budista Tibetano Choe Khorling, el Centro Budista Drikung Kagyu, el Centro Shambala y la Corporación Cultural de Las Condes.
Existe un creciente interés del público chileno tanto en la cultura tibetana como en la filosofía oriental y en particular en el budismo, lo que se ha visto fortalecido a partir de las dos visitas realizadas por el Dalai Lama a Chile en la década de los 90. Esta jornada cultural, que se realizará en abril próximo, tiene como objetivos informar al público acerca de Tíbet, su historia, cultura, religión, características de su pueblo y su situación actual, además de lograr un mayor acercamiento entre los distintos centros budistas y agrupaciones culturales tibetanas de nuestro país.
Geográficamente, el Tíbet está rodeado de países con un alto grado de civilización, por lo tanto es natural que su arte refleje algunos aspectos que derivan de esas culturas. El arte sagrado se desarrolla en el Tíbet en el siglo VII, durante el reinado del rey Srong-btsan-sgam-po. La historia relata que él contrae matrimonio con dos princesas, una de Nepal y otra de China, y cada una de ellas lleva al Tíbet una estatua de Buda. Para resguardar estos tesoros el rey manda construir dos templos, el de Jo-khang y el de Ra-mo-che.
Más adelante el rey Ral-pa-can invita a varios artistas de India, China,
Nepal, Kashmir y Khotan para que compartan su conocimiento de materiales y técnicas. Durante su reinado el arte sagrado empieza a florecer. En los años siguientes, diferentes estilos artísticos se desarrollan en las más importantes regiones del Tíbet.
En el oeste, la pintura y escultura florecen bajo el auspicio de los reyes de Guge y refleja el estilo desarrollado en Kashmir. El sur del Tíbet se transforma en un importante centro cultural durante los siglos XIV y XV, y absorbe la tradición nepalesa. En el este también se desarrollan ricas tradiciones artísticas cultivadas en Derge y zonas circundantes.
A pesar de esta proliferación de escuelas, el arte tibetano no ha sido fragmentado y se ha mantenido subordinado a su contenido debido a que está unido al principio filosófico del Budismo Mahayana, que pone énfasis en el crecimiento espiritual y se transforma accesible a través de la comprensión de los símbolos.
Como una manifestación preponderante de este arte sagrado encontramos las thankas, pinturas hechas en tela de algodón y montadas en seda, fáciles de enrollar y transportar de un lugar a otro. Fueron usadas por lamas viajeros con el fin de difundir el conocimiento del Buda, el Dharma y la Sangha.
Algunas representan al Buda en eventos de sus vidas pasadas, como Bodhisattva, y otras ilustran escenas de su vida presente. Las thankas trascienden las limitaciones de lenguaje y cultura, revelando cómo opera el karma, el valor de las acciones virtuosas, la naturaleza de la gran compasión y las actitudes que abren nuestro corazón a un conocimiento iluminado, conceptos que son inherentes a la tradición budista tibetana.
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Mantra en Tibetano
Dije budista de exclusivo diseño en oro amarillo de 14K. con el mantra "OM MANI PADME HUM" en tibetano, el mantra de Avalokiteshvara (Chenrezig).
El dije mide 3 cm. de diámetro, 2 mm. de espesor y pesa 16 gramos aproximadamente.
El dije tiene inscrito el mantra (oración) más famosa dentro del Budismo, el mantra de seis sílabas de Avalokiteshvara (Chenrezig en Tibetano). Para los budistas éste mantra es el más poderoso y beneficioso de todos los mantras y una persona puede obtener prácticamente todo en la vida si pronuncia contínuamente éste mantra, a su vez practicando el camino correcto, con método y sabiduría la persona puede llegar a transformarse en un Buda. Se dice que el Dalai Lama es una encarnación de Avalokiteshvara, por lo que es especialmente reverenciado por sus devotos.
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Anillo Loto - oro
La flor de loto es un símbolo del sol, de la creación y del renacimiento, pues a la noche la flor se cierra y se hunde bajo el agua, cuando al amanecer se alza y vuelve a abrirse. Según uno de los mitos de la creación, el primero que se ha alzado del aguado caos en los comienzos del tiempo ha sido un loto gigante.
En el Este,
La Flor de Loto es vista como un símbolo de
Abrazo espiritual. El loto tiene sus raíces en el fango, mas al crecer hacia arriba aspirando llegar a la luz, sus pétalos se abren convirtiéndose en una Hermosa flor. Om Mani Padme Hum, el mantra sagrado de los tibetanos significa "Se aclama a la Joya en el Loto”
El
Anillo Loto contiene el símbolo de la flor del loto en ambos lados del anillo. La traducción del grabado en hebreo dice: "
La vida fluye dentro de ti y sin ti”. Esta frase mantiene el secreto de la unión con el Uno. Cuando nuestro falso ego se disuelve entramos en estado de unión con el todo- de aquí que la vida fluye dentro de ti y sin ti.
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La vistosa indumentaria tibetana
HACE años, una amiga mía fue al Tíbet, el "techo del mundo". Su primera reacción a la elevada altitud la hizo sentirse deprimida, estado de ánimo que se disipó al ver como los hombres y las mujeres del lugar trabajaban y bailaban respirando el aire más enrarecido del mundo. Mi amiga quedó profundamente impresionada por el esplendor de sus bellas ropas y por el buen humor y la confianza que irradiaban los lugareños. Y pensó que el optimismo de aquella gente y su vistosa indumentaria simbolizaban el encanto y la dignidad de su vida en ese solitario puesto de avanzada.
En esta altiplanicie cubierta de nieve la ropa tiene ciertamente connotaciones inusuales, puesto que son reflejo de la historia, la cultura, las creencias, el carácter y la riqueza de la población local.
La idea general sobre la indumentaria tibetana es la de amplios mantos con largas mangas llevados al sesgo y de delantales de mujer ribeteados con vistosas bandas. No obstante, debido a la influencia de las diversas corrientes existentes dentro de su religión, se observan evidentes diferencias locales en la manera de vestir. El aislamiento de esta región ha propiciado que la ropa tibetana se diversificara en numerosos estilos peculiares fácilmente distinguibles.
Las principales prendas de vestir tibetanas son el manto y la camisa. El manto tibetano es holgado y la parte izquierda parece más larga que la derecha debido a que suele abrocharse bajo la axila derecha. Los mantos también se sujetan con dos cinturones de tela rojos, azules o verdes.
En el Tíbet septentrional, territorio en cuyas montañas los pastores llevan una vida nómada, hace un frío glacial. Puesto que la diferencia entre las temperaturas diurnas y las nocturnas es muy acentuada, a lo largo de todo el año los pastores de esta región llevan un manto forrado de piel que por la noche usan como colcha. De día sólo utilizan la manga izquierda o no utilizan ninguna, anudando ambas a modo de cinturón. Hoy en día, la costumbre de usar solamente la manga izquierda y de dejar el hombro derecho al descubierto se reconoce inmediatamente como un estilo de vestir tibetano.
El manto tibetano forrado de piel es tan ancho que, según se dice, tiene capacidad suficiente para cobijar en invierno a un niño de cinco o seis años. Aunque no tiene bolsillos, al ir anudado alrededor de la cintura forma una especie de bolsa en la que hay espacio de sobras para llevar lo más necesario para la vida cotidiana.
Las prendas de vestir que llevan los pastores en las praderas se distinguen por sus cinturones de adorno. La parte delantera, las orillas inferiores y las bocamangas de estas prendas también están adornadas con ribetes de velvetón, pana y lana; las mujeres visten delantales con bandas de tela de vistosos colores. Ningún paisaje pictórico puede emular en belleza la visión de los pastores errando junto con su ganado, bajo el cielo azul y las nubes blancas, por la verde hierba y las montañas nevadas.
Los campesinos tibetanos que viven en el cálido y húmedo sur confeccionan sus ropas con un tipo de lana tejida a mano. Tanto los hombres como las mujeres se abrochan por la derecha. La parte delantera, los bordes inferiores, así como el cuello y las bocamangas de las prendas masculinas están ribeteadas con telas o seda de colores llamativos. Excepto durante el crudo invierno, las prendas femeninas exteriores no tienen mangas. En general, los mantos tibetanos son largos en comparación con la altura de quien los lleva, pero eso se soluciona levantando la parte de la cintura y atándola con un cinturón.
En Lhasa y en la prefectura de Shannan el clima es aun más cálido y húmedo. Los hombres suelen llevar mantos dobles, mientras que las mujeres visten mantos ajustados con mangas largas y delantales atados a la cintura con adornos de gran colorido.
El delantal es una de las prendas favoritas de las mujeres tibetanas. De acuerdo con las costumbres tibetanas, llevar delantal es un privilegio reservado a las mujeres casadas, por lo que las solteras no suelen usarlo. Gonggar, distrito situado en Jiedexiu, zona de la prefectura de Shannan, es sinónimo de delantal, puesto que en él se confecciona esta prenda desde hace 500 o 600 años.
Las fiestas son la mejor ocasión para contemplar y apreciar la indumentaria tibetana. Todos los años, en Nagqu, ciudad del norte del Tíbet, se celebra una carrera de caballos. Los tibetanos acuden a esta feria con sus mejores galas. Generalmente los jinetes llevan botas, mantos de color azul celeste, azul oscuro o verde pálido, y bombachos rojos o pantalones de deporte azules o negros. Los espectadores llevan largos mantos negros, azules o amarillos forrados de piel, de cuya cintura cuelgan dagas tibetanas finamente trabajadas, pedernales, cajitas de rapé y monedas de plata; las espectadoras se adornan con sombreros ribeteados con colores que hacen juego con los ribetes de todas las prendas tibetanas, incluidas las botas; además, llevan adornos de oro, plata y cobre en sus largas trenzas, grandes pendientes y collares, así como sartas de monedas de metal que embellecen su cintura y que mecidas por la brisa tintinean musicalmente.
A los tibetanos les gusta ponerse abundantes joyas y consideran el vestido y los adornos símbolos de riqueza y hermosura. Por muy pobre que sea una familia, compra joyas para reforzar su confianza ante los demás. Los ornamentos personales que hoy en día lleva un tibetano adinerado pueden alcanzar un valor que oscila entre varias decenas de miles de yuanes y más de un millón.
Los tibetanos son budistas devotos. En el siglo VII, Song-stan-gam-po, el héroe nacional del Tíbet, se casó con la princesa Wencheng de la dinastía Tang y con una princesa nepalí que trajo dos estatuas de Sakyamuni, una del este y otra del oeste. A partir de entonces, el budismo se difundió por todo el Tíbet transformándose gradualmente en el incomparable budismo tibetano, que viene practicándose desde hace siglos.
El budismo tibetano influye no sólo en las ideas y el comportamiento de la gente, sino también en sus preferencias con respecto a la ropa y a los complementos. En la cultura budista el blanco simboliza la santidad y en su vida cotidiana los tibetanos adoran ese color, puesto que lo consideran emblema de la pureza y los buenos augurios. En consecuencia, les gusta llevar camisas blancas o ribetear sus faldas con tejidos de ese color. En cuanto a los complementos, los tibetanos usan con profusión los colores rojo, amarillo, naranja, azul y verde oscuro, gama cromática que también revela la influencia budista, no en vano Sakyamuni llevaba una kassaya amarilla, el gurú Rin-po-che un sombrero rojo y el maestro Tsong-kha-pa un sombrero amarillo. Las cuentas y el ga'u (amuleto) que hombres y mujeres llevan sobre el pecho también guardan relación con el budismo. Se cree que el ga'u trae seguridad y riqueza a quien lo lleva.
El mejoramiento de las vías de comunicación entre el Tíbet y las zonas del interior ha propiciado el florecimiento del intercambio de artículos, incluidas las prendas de vestir. Hoy en día la ropa tibetana tradicional va desapareciendo, siendo sustituida por modernos trajes de corte occidental, pantalones tejanos y otras prendas de la moda contemporánea. Las mujeres de mediana edad, aunque menos atrevidas que la gente más joven, pueden llevar un traje de chaqueta sobre su vestido tibetano y un sombrero tradicional adornado con satén dorado y plateado. Esta forma de vestir, muy popular en el Tíbet, es una muestra de la tolerancia de la cultura exterior por parte de los tibetanos.
A su vez, los adornos preferidos por las muchachas de las zonas del interior, como los brazaletes de plata con engastes de turquesa y los collares de plata con incrustaciones de ágata y de otras piedras preciosas locales, son un reflejo de la influencia tibetana.
Muchos diseñadores de moda encuentran en la ropa tibetana tradicional una fuente de inspiración. Patrocinada por la Comisión Estatal de Asuntos Étnicos, en junio del 2000 se celebró en Kunming la I Exposición China de Vestidos y Complementos Nacionales. Los prendas tibetanas tradicionales merecieron el elogio y la admiración unánimes del público. Todos los modelos Wu Haiyan, diseñadora china de moda femenina, estaban inspirados en el estilo tibetano.
El más valioso de los conjuntos expuestos fue el formado por cuatro vestidos tibetanos de más de 300 años de antigüedad seleccionados por la prefectura autónoma tibetana de Deqen (provincia de Yunnan). Los mantos tibetanos estaban profusamente embellecidos con perlas y adornos de oro, plata y ágata. A partir de estas prendas de vestir finamente confeccionadas y exquisitamente adornadas parece posible trazar la historia de la indumentaria tibetana.
Siendo como es portadora de un tipo de cultura, la indumentaria tibetana ha despertado en todo el mundo no sólo curiosidad sino un sincero respeto.
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